Proteínas Alternativas • CONSUMIDORES

Diseño de productos para el nuevo segmento de demanda flexitariano

El crecimiento de un nuevo consumidor que quiere reducir su consumo de carne pero sin excluirla totalmente de su dieta, lleva a la industria cárnica a pensar desarrollos que incorporen blends de proteínas, sustitutos a base de plantas, insectos, hongos y cultivo celular.

  • 08/02/2023 • 00:00

Por: Lic. Amalie Ablin*, Licenciada en Ciencia Política (Universidad del Salvador, Buenos Aires). Postgrado Programa de Capacitación Ejecutiva en Agronegocios (Universidad de San Andrés, Buenos Aires) / Fotos: Banco de imágenes

De acuerdo a las últimas proyecciones de las Naciones Unidas, la población mundial alcanzaría a 8.500 millones de habitantes hacia 2030, con el consecuente aumento en la demanda de proteínas para su alimentación. En este sentido, un informe de “Bloomberg Intelligence” estima que hacia entonces el mercado de alimentos para consumo humano de origen vegetal podría llegar a representar hasta 7,7% del mercado mundial de proteínas, con un valor superior a U$S162.000 millones, frente a los U$S29.400 millones que registró en 2020.

En dicho contexto, muchas grandes empresas ya han reconocido que el “flexitarianismo” -definición asociada a nuevos criterios alimentarios adoptados por determinados segmentos de la sociedad- se está generalizando, justificando dichas previsiones. En efecto, el término "flexitariano" surge de una combinación entre "flexible" y "vegetariano", apuntando al surgimiento de un estilo de dieta menos estricta que las que caracterizan a “vegetarianos” y “veganos”, la cual no excluye totalmente la ingesta de carnes o productos derivados de origen animal como los lácteos, huevos, etc., promoviendo la inclusión en la nutrición de una mayor cantidad de vegetales, frutas, granos integrales y proteínas de origen vegetal. 

Así, se estima por ejemplo que aquellos que aplican criterios “flexitarianos” en su alimentación ya superan al 26% de los consumidores en grandes centros urbanos de Argentina, Brasil y Uruguay, de acuerdo con una encuesta encargada por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura en los 3 países citados, difundida en 2022.

Al respecto, el estudio mencionado fue desarrollado en 7 grandes ciudades de los países involucrados (Buenos Aires, Rosario, Córdoba, San Pablo, Río de Janeiro, Salvador y Montevideo) concluyendo que Argentina (37%) y Uruguay (35%) registran más consumidores flexitarianos que Brasil (17%), aunque comprueba que habría más brasileños dispuestos a probar alternativas sustitutivas de las carnes. No obstante, se verificó que las personas mayores de 40 años resultan menos proclives a abandonar el consumo de carnes por productos de origen vegetal, frente a las generaciones más jóvenes dispuestas a ampliar su exploración de alimentos basados en producciones cultivadas.

En lo que concierne a otras regiones del mundo puede señalarse que la sociedad australiana concentra la mayor proporción de “flexitarianos” entre sus consumidores, afirmando más del 45% de los encuestados que restringen la ingesta de productos de origen animal, seguidos de cerca por los mercados del Reino Unido y los Estados Unidos.

Por su parte, una encuesta realizada durante 2022 a solicitud de Beneo -empresa con localización en diversos países, donde ofrece ingredientes funcionales de origen vegetal para alimentos, piensos y productos farmacéuticos que ayudan a mejorar las propiedades nutricionales de una amplia variedad de productos- destaca que uno de cada 4 consumidores a nivel mundial se define como “flexitariano”, con lo que dicha categoría tendería a convertirse en el grupo objetivo más importante entre los consumidores alimenticios para los procesadores de productos vegetales.

Así, por ejemplo, en Argentina el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) avanza con una empresa del sector privado en el desarrollo de un producto que directamente combina carnes con proteínas de legumbres (“blend”), persiguiendo su amplia aceptación por el público, contribuyendo así a la reducción del consumo de carnes por quienes lo deseen, sin que ello implique una renuncia total a dicho alimento.

En este sentido, entre los productos dirigidos al segmento “flexitariano”, cuya demanda avanza progresivamente, se destacan:

  1. Sustitutos a base de plantas, cuyas proteínas vegetales aparecen como alternativas primarias para reemplazar las fuentes proteínicas de origen animal, que junto a la incorporación de novedosos tratamientos tecnológicos tales como el texturizado o la impresión 3D permiten obtener alimentos con propiedades y características organolépticas similares a las de origen animal. Siendo estos productos los más usuales en el mercado, al presente puede citarse como ejemplo que la empresa argentina “Foodtech Vegan Nature” prevé ampliar sus instalaciones productivas así como incorporar nuevas tecnologías de investigación y desarrollo en la expectativa de expandirse a mercados regionales e internacionales.

2)         Agricultura celular: técnica que permite la generación de tejidos animales a partir del cultivo y desarrollo de células originarias, cuyo objetivo es permitir la generación de productos cárnicos iguales a los reales sin la necesidad de recurrir al sacrificio de ejemplares animales. En esta materia la empresa “Granja Celular” produce en la Argentina carne de laboratorio, aprovechando la tradición ganadera local.

3) Insectos: si bien en Argentina no existe una cultura de consumo de tales especies, esta práctica resulta habitual en numerosos países. Los mismos poseen niveles proteicos elevados, contribuyendo a demandas nutricionales de un segmento creciente de consumidores, en particular en los países altamente desarrollados. Puede observarse que en Argentina el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTA) trabaja en la búsqueda de fuentes de proteínas alternativas, habiendo avanzado en investigar la obtención de polvo de una especie de grillo nativo, evaluando su aplicación como ingrediente en productos alimenticios.

4) Hongos: no puede desconocerse que la microflora, hongos, bacterias y levaduras presentan un potencial para transformar la forma en que se procesan los alimentos, más allá que hasta el presente se ha dependido en gran medida de las especies animales para la obtención de proteínas. En este campo, el fondo Kamay -creado por Coca-Cola y la empresa argentina Arcor- ha concretado una inversión en la empresa local “Kernel Mycofoods”, que produce  proteínas a base de un hongo fermentado sobre la base de una cepa ya aprobada para el consumo por las autoridades sanitarias de Estados Unidos y Europa. De esta forma, la empresa puede cultivar su micoproteína -luego incorporada a un gran número de productos alimenticios- en espacios territoriales más pequeños que la carne vacuna, y con menos consumo de agua.

A esta altura del análisis cabe recordar que la naturaleza del consumo alimenticio de los seres humanos va cambiando con el tiempo, ya sea por cuestiones de salubridad, una nueva actitud con respecto a los animales que deben ser sacrificados para satisfacer las necesidades de los individuos, renovada preocupación respecto al cuidado del medio ambiente, o simplemente modas, todos procesos que se verifican en particular en las generaciones jóvenes, y en especial en los países de elevados ingresos. Como consecuencia de estas y otras tendencias, en las últimas décadas se fue observando una disminución paulatina en la ingesta de carnes y la mayor incorporación de vegetales y granos como sustitutos proteínicos de las mismas.

Así, en respuesta a la creciente demanda de proteínas se están desarrollando mundialmente alimentos basados en proteínas vegetales que satisfagan experiencias análogas a las de los productos cárnicos tradicionales. Entre estos productos se encuentran los símiles cárnicos o “blends”, según el reemplazo de carne sea total o parcial. Por ello puede imaginarse que el número cada vez mayor de consumidores flexitarianos resultará a mediano plazo clave para impulsar la adopción de proteínas alternativas, estimulando los cambios a nivel alimenticio que ya evidencia tanto el mercado argentino como el mundial, al avanzar en el desarrollo y progresiva integración de proteínas alternativas de origen vegetal en un mundo donde los consumidores van reduciendo activamente su ingesta de productos animales.

A tal efecto, cabe prever que la industria alimentaria y sus distribuidores orienten sus esfuerzos de desarrollo de productos y comercialización hacia este nuevo segmento de clientes, asegurando asimismo que sus productos resulten accesibles tanto para los requerimientos de los consumidores convencionales -al proveer alimentos que ofrezcan el mismo sabor y textura de los originales- aunque reemplazando ingredientes de origen animal por otros de fuentes alternativo.

 

* Las opiniones vertidas son de exclusiva responsabilidad del autor y no comprometen a la institución en la cual se desempeña