Con el objetivo de impulsar la generaci&oacute;n de alimentos y la econom&iacute;a circular, Danay Carrillo, investigadora del Tec Guadalajara, estudia el cultivo de hongos para generar nuevas fuentes de prote&iacute;na a partir de residuos agroindustriales. Lo anterior, como parte de una l&iacute;nea del campus de investigaci&oacute;n enfocada en seguridad alimentaria y sostenibilidad. La econom&iacute;a circular, coment&oacute; la acad&eacute;mica, es un modelo de producci&oacute;n que busca reducir residuos y aprovecharlos para maximizar la sostenibilidad.&nbsp; El objetivo de dicha investigaci&oacute;n es simple: descubrir alternativas que permitan a la sociedad tener una alimentaci&oacute;n saludable enriquecida con compuestos distintos a los de alimentos ultraprocesados. A partir de este contexto, la investigaci&oacute;n comenz&oacute; a analizar los residuos que generan distintas industrias, especialmente del sector agropecuario en Jalisco, donde muchas veces estos materiales no tienen un destino claro. Con esto se busca explorar nuevas formas de aprovechar los recursos y, al mismo tiempo, contribuir al desarrollo de alternativas alimentarias m&aacute;s sostenibles y as&iacute; transformar desechos org&aacute;nicos en recursos con alto potencial nutricional. El cultivo paso a paso <p style="text-align: center;"> &ldquo;La idea principal es encontrar fuentes de alimentaci&oacute;n alternativas que permitan a la sociedad tener una dieta m&aacute;s saludable&rdquo;, explic&oacute; Danay Carrillo.&nbsp; La operaci&oacute;n inicia con residuos agroindustriales como bagazo de agave, de ca&ntilde;a o restos del caf&eacute;. Estos materiales se trituran hasta obtener un polvo fino para despu&eacute;s someterse a un proceso de esterilizaci&oacute;n y asegurar que el cultivo pueda desarrollarse en buenas condiciones. Una vez listo, detall&oacute; la investigadora, se coloca en bolsas especiales donde se siembra la cepa del hongo previamente cultivada. A partir de ah&iacute;, el hongo comienza a crecer sobre estos residuos y a transformarlos gradualmente en una base para generar compuestos prote&iacute;cos. Los distintos tipos de hongos que utiliza son: Microhongos, aquellos que no pueden percibirse a simple vista, pero que permiten realizar la biotransformaci&oacute;n del sustrato y Macrohongos, cuyo cuerpo fruct&iacute;fero es visible y de mayor tama&ntilde;o; entre los m&aacute;s conocidos se encuentran el Ganoderma, el hongo reishi y distintas especies de pleurotus, entre otros. Tras el proceso de cultivo, se obtiene una especie de harina que puede incorporarse en alimentos a base de ma&iacute;z o trigo como alternativa alimentaria. Econom&iacute;a circular en acci&oacute;n &ldquo;Cuando se aprovecha el cuerpo fruct&iacute;fero, la parte del hongo que se consume, su textura puede llegar a asemejarse a la de la carne&rdquo;, se&ntilde;al&oacute; Carrillo. Previo a la experimentaci&oacute;n con estos componentes, se realiz&oacute; un mapeo de la cantidad de producciones locales que generan un sinf&iacute;n de residuos que no son amigables con el medio ambiente. Actualmente, los desechos tienen que empezar como una nueva fuente de materia prima. A este proceso se le conoce como econom&iacute;a circular, coment&oacute; la profesora.&nbsp; De esta forma, dicha investigaci&oacute;n aporta al objetivo residuo cero. &ldquo;Lo que buscamos es contribuir a cerrar ese ciclo y aportar a la sostenibilidad&rdquo;, resalt&oacute; Carrillo.&nbsp; La intenci&oacute;n, aclar&oacute;, es encontrar un punto de encuentro entre lo que hoy representa un problema de disposici&oacute;n para algunas empresas y lo que podr&iacute;a convertirse en un nuevo sector comercial para otros procesos productivos. Del laboratorio a la industria Complementariamente, se&ntilde;al&oacute; que las pruebas sensoriales de estos nuevos alimentos arrojaron una gran aceptaci&oacute;n al utilizar hongos en lugar de ingredientes convencionales.&nbsp; Con un progreso estimado de m&aacute;s de la mitad del camino, la investigaci&oacute;n ha superado la etapa experimental b&aacute;sica. El proyecto busca llevar los resultados obtenidos en el laboratorio hacia una producci&oacute;n de mayor magnitud. El siguiente paso clave del proyecto es la elaboraci&oacute;n del etiquetado nutricional. Adem&aacute;s de integrar las microprote&iacute;nas del hongo, realiza estudios especializados para descartar la presencia de citotoxinas y asegurar un producto de alta calidad. Asimismo, en colaboraci&oacute;n con el departamento de Biotecnolog&iacute;a esta iniciativa ha logrado vincular a estudiantes que ya participan activamente en el proyecto. Esto les permite iniciar su pr&aacute;ctica profesional y experimentar de primera mano la aplicaci&oacute;n real de su carrera. La investigaci&oacute;n se basa en los niveles de madurez tecnol&oacute;gica para escalar del laboratorio a una fase piloto. En esta etapa, se eval&uacute;a el comportamiento del proceso a mayores vol&uacute;menes para optimizar la producci&oacute;n. Finalmente, el proyecto buscar&aacute; m&aacute;s adelante alcanzar la madurez industrial mediante el dise&ntilde;o de l&iacute;neas de producci&oacute;n y equipos especializados. El objetivo es llevar esta innovaci&oacute;n desde el campus hasta su comercializaci&oacute;n en el mercado. Fuente: Tecnol&oacute;gico de Monterrey